En los años noventa, la industria de los videojuegos estaba viviendo uno de sus cambios más importantes. Las consolas de 16 bits comenzaban a quedar atrás y las nuevas máquinas apostaban con fuerza por los gráficos tridimensionales. En medio de esa transformación apareció PlayStation, una consola que rápidamente comenzó a ganar protagonismo, pero que tenía un problema: todavía no contaba con un personaje capaz de representar su identidad.
Nintendo tenía a Mario. Sega tenía a Sonic. Sony necesitaba encontrar su propio rostro.
Y aunque nunca llegó a convertirse oficialmente en la mascota de PlayStation, un marsupial naranja terminó ocupando ese espacio en la memoria de millones de jugadores. Su nombre era Crash Bandicoot.
Tres décadas después de su debut, resulta mucho más sencillo comprender la importancia que tuvo aquel personaje para la industria y, especialmente, para Naughty Dog. Antes de crear juegos como Uncharted o The Last of Us, el estudio encontró el éxito con un plataformas que demostró que PlayStation también podía tener un héroe reconocible.
El nacimiento de Crash Bandicoot
Naughty Dog no comenzó siendo uno de los estudios más importantes de PlayStation. Sus fundadores, Andy Gavin y Jason Rubin, llevaban trabajando juntos desde los años ochenta y habían creado proyectos para diferentes plataformas antes de embarcarse en su aventura más ambiciosa.
Con la llegada de una nueva generación de consolas, el estudio vio una oportunidad enorme.
Los gráficos tridimensionales estaban comenzando a transformar la manera de diseñar videojuegos y los desarrolladores todavía estaban descubriendo cómo adaptar géneros tradicionales a ese nuevo espacio. Los juegos de plataformas, especialmente, tenían que encontrar una manera de funcionar correctamente en escenarios tridimensionales.
De ese desafío nació Crash Bandicoot.
El proyecto terminó convirtiéndose en uno de los primeros grandes éxitos de Naughty Dog y ayudó a colocar al estudio en el mapa. Además, Sony encontró en aquel personaje algo que podía asociarse inmediatamente con su nueva consola.
Crash era colorido, expresivo, divertido y completamente diferente a los protagonistas más serios que comenzaban a aparecer en otros géneros.
Una alternativa a Mario y Sonic
El objetivo de Naughty Dog no consistía simplemente en copiar las fórmulas existentes.
Mientras Nintendo apostaba por mundos tridimensionales amplios y libertad de movimiento con Super Mario 64, Crash utilizaba una estructura mucho más controlada. Los niveles eran generalmente lineales y estaban diseñados para que los desarrolladores pudieran controlar exactamente lo que el jugador veía.
Esta decisión tenía una razón técnica.
La primera PlayStation tenía limitaciones de memoria que hacían complicado construir escenarios enormes y llenos de elementos. En lugar de luchar contra esas restricciones, Naughty Dog decidió aprovecharlas.
Los niveles estrechos permitían concentrar los recursos en aquello que aparecía frente al jugador. De esta forma, el estudio podía crear escenarios mucho más detallados y espectaculares para las posibilidades de la época.
El resultado fue una aventura en la que la cámara se colocaba frecuentemente detrás de Crash, obligando al jugador a avanzar hacia el fondo del escenario.
Esta perspectiva terminó convirtiéndose en una de las características más reconocibles de la saga.
Un plataformas que buscaba sorprender
Crash Bandicoot no destacaba únicamente por sus gráficos.
Su diseño de niveles estaba construido alrededor de diferentes situaciones. Había fases tradicionales de plataformas, recorridos laterales, persecuciones en las que Crash debía escapar de enormes obstáculos y niveles en los que montaba diferentes animales.
También estaban las cajas.
Las famosas cajas de madera se convirtieron en una de las señas de identidad de la franquicia. Romperlas permitía conseguir frutas Wumpa, vidas y otros objetos, mientras que algunas escondían secretos necesarios para completar determinados niveles.
El juego también tenía una dificultad considerable.
Conseguir todas las gemas podía convertirse en una auténtica prueba de paciencia, ya que determinados niveles exigían romper todas las cajas sin perder una sola vida. Para los jugadores que buscaban completar el juego al máximo, Crash podía ser mucho más exigente de lo que su aspecto colorido hacía pensar.
Sin embargo, esa dificultad también contribuía a que superar un nivel complicado resultara especialmente satisfactorio.
La inspiración detrás del diseño
Aunque Crash desarrolló rápidamente una identidad propia, Naughty Dog también estudió algunos de los grandes referentes del género.
Uno de ellos fue Donkey Kong Country, una aventura que había demostrado que los plataformas podían combinar personajes carismáticos, secretos, animales, ritmo rápido y un apartado visual llamativo.
Naughty Dog tomó algunas de esas ideas y las llevó a un entorno completamente tridimensional.
Incluso el propio equipo utilizó internamente una expresión bastante peculiar para definir el concepto de su juego: “Sonic’s Ass Game”. La idea era imaginar cómo sería un plataformas rápido visto principalmente desde detrás del personaje.
Con el tiempo, aquella decisión se convirtió en una de las principales características de Crash.
Las limitaciones técnicas terminaron transformándose en una ventaja creativa.
De una trilogía a un icono
El éxito del primer juego permitió que Naughty Dog desarrollara rápidamente nuevas entregas.
Crash Bandicoot 2: Cortex Strikes Back llegó en 1997 y mejoró muchos de los aspectos del original. Un año después apareció Crash Bandicoot 3: Warped, que amplió todavía más la fórmula con nuevos escenarios, habilidades y situaciones.
La trilogía terminó convirtiéndose en una de las más representativas de la primera PlayStation.
El estudio incluso llevó al personaje a otro género con Crash Team Racing, lanzado en 1999. El juego de carreras demostró que Crash podía funcionar fuera de las plataformas y consiguió convertirse en otro de los títulos más queridos de la franquicia.
Pero después de esa etapa dorada, Naughty Dog decidió seguir adelante con nuevos proyectos.
Crash, en cambio, continuó sin sus creadores originales.
Una etapa de altibajos
Después de la salida de Naughty Dog, diferentes estudios comenzaron a trabajar con el personaje.
Algunos juegos intentaron mantener la fórmula clásica, mientras que otros decidieron experimentar con nuevas mecánicas y estructuras.
El problema fue que ninguno consiguió reproducir completamente el impacto de la trilogía original.
La saga continuó publicando juegos durante años, pero poco a poco perdió parte del protagonismo que había conseguido durante la primera generación de PlayStation.
Para muchos jugadores, Crash comenzó a convertirse en un recuerdo de aquella época.
Parecía que su mejor momento había quedado atrás.
El regreso que nadie esperaba
La situación cambió en 2017 con el lanzamiento de Crash Bandicoot N. Sane Trilogy.
La colección reconstruyó los tres primeros juegos con gráficos, animaciones y sonido adaptados a sistemas modernos. La esencia de las aventuras originales permaneció intacta, pero el apartado visual recibió una enorme renovación.
El éxito de la trilogía demostró que el público todavía tenía interés en Crash.
Dos años después, Crash Team Racing Nitro-Fueled recuperó la fórmula del clásico juego de carreras de Naughty Dog y amplió su contenido con nuevos circuitos y personajes.
Y en 2020 llegó una auténtica continuación: Crash Bandicoot 4: It’s About Time.
Toys for Bob decidió tomar como punto de partida los acontecimientos de Warped y construir una nueva aventura alrededor de las características que hicieron popular a la trilogía original.
La franquicia había regresado.
Crash ya no necesitaba ser la mascota de PlayStation
La historia de Crash Bandicoot resulta especialmente curiosa porque el personaje estuvo muy cerca de ocupar oficialmente el lugar que tenían Mario y Sonic.
Sin embargo, nunca necesitó ese título para convertirse en un icono.
Crash quedó asociado a los primeros años de PlayStation y a toda una generación de jugadores que descubrió los videojuegos tridimensionales a través de sus aventuras.
Su importancia también terminó trascendiendo a Naughty Dog. Después de años de cambios, diferentes estudios y propuestas de calidad desigual, el personaje consiguió regresar y demostrar que todavía tenía un lugar en la industria.
Incluso su situación empresarial terminó siendo bastante peculiar. Crash nació estrechamente ligado a PlayStation, pero los derechos de la franquicia pertenecen a Activision. Después de la adquisición de Activision Blizzard por parte de Microsoft, uno de los personajes más asociados históricamente con la primera PlayStation terminó formando parte del ecosistema de una compañía relacionada con Xbox.
Tres décadas después
Mirando hacia atrás, es difícil imaginar los primeros años de PlayStation sin Crash Bandicoot.
Puede que Sony nunca lo convirtiera oficialmente en su mascota, pero durante una época el marsupial naranja cumplió prácticamente esa función.
Su primer juego demostró que los plataformas podían adaptarse a las tres dimensiones de una manera diferente a la propuesta por Nintendo. Sus secuelas perfeccionaron la fórmula y su posterior regreso confirmó que todavía existía interés por aquel personaje.
Crash representa mucho más que una franquicia de videojuegos.
Es el recuerdo de una generación que estaba descubriendo un nuevo tipo de entretenimiento, de una industria que estaba entrando de lleno en las tres dimensiones y de un estudio que todavía estaba muy lejos de convertirse en el gigante que conocemos actualmente.
Naughty Dog terminaría creando Uncharted y The Last of Us, pero antes de todo eso existió un marsupial naranja corriendo entre cajas, frutas Wumpa, puentes y trampas.
Y quizá esa sea la razón por la que, incluso treinta años después, Crash Bandicoot continúa siendo recordado como uno de los grandes iconos de aquella primera era de PlayStation.

